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Mostrando entradas de octubre, 2020
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  El ser que la habita.  La niña, estaba junto al río con un tabaco encendido que la mimetizaba  con su humo espeso.  A los pies de un árbol centenario, rodeado de cirios, velas e imágenes de deidades y figuras históricas de la época de la independencia, se marcaba un pentagrama de cal rodeado de vasijas con sangres del sacrificio.  Alrededor, un séquito de hombres y mujeres con ropas blancas, collares y penachos de cuentas y plumas coloridas. La mayoría con puros consumiéndose en sus gargantas, acompañado de aguardiente y ramas de plantas místicas que, al compás de tambores y de las ráfagas de las llamas de una chisporroteante fogata, invocan a cada espíritu de la cosmogonía de su Olimpo. "Pídele a tu muerto que venga a ti", le decía una mujer de prominentes caderas y cuyo cuello y muñecas estaban abarrotados de collares y amuletos. Y con esa mujer, un hombre de aliento pestilente y ojos oscuros como el vacío de la nada le recordaba que ella era parte important...
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  El tiempo... Nuestra vida es un candil; Una vela, una mecha. Se enciende en la estocada... En la noche apasionada. Consume su llama  en la habitación del tiempo. Tú te opacas y el tiempo se ilumina cuando tu vida vives. Son los actos la llama. Es el ser perpetuo. Es la vida en el tiempo. Es la sombra del resto. No consumir la vida solo trae desdicha, por miedo a la última chispa.
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  En el ochenta A.C Su rostro reflejaba las ansias de la libertad. Ese día ante más de quince mil romanos, demostraría que era uno de los más grandes gladiadores y el mismo emperador lo reconocería.  Cinco años antes, Verus picaba piedras para la construcción del Anfiteatro Flavio. Más de dieciocho meses sobrevivió en el Foso, la cantera que proveía la mayor cantidad de materia prima para el edificio que representaría la gloria de Roma. Vespaciano quería demostrarle al mundo y a sus detractores de lo que era capaz, y Tito, su hijo y heredero, demostrar que podía ser tan grande como su antecesor. La piedra se manchaba con la sangre y el sudor de miles de hombres que trabajaban y morían cómo esclavos para la gloria del imperio. Los más afortunados se curtían la piel con el sol y engrosaban sus manos con el cincel y el martillo.  Verus deseó la muerte en más de una oportunidad.  Su aldea, al norte de Italia, fue invadida y hecha romana durante su adolescencia. La mayorí...
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 Quilombo en Barlovento ¡Negro! el color de la noche que alberga peligros. ¡Negro!  el color del vacío estrellado.  ¡Negro! los ojos de mi madre. ¡Negro! el cabello de mi mujer. ¡Negro! el café de mi pueblo. ¡Negro! el fruto de mi tierra,  el que genera más vergel. Y aunque...  ¡Negra! es la esperanza ¡Negra! es la piel  de hombres y mujeres Que iluminan mi ser.  ¡Negra! Mi abuela la  ¡Negra! que desde Mi niñez  me hizo viajar  entre cuento y cuento Con Tío Tigre y Tío Conejo En aventuras a granel.  ¡Negra! es mi tía y, su apodo también ¡Negra¡ mi primer amor, Y mis sueños de ser  Un gran pelotero  ¡Negro! Cómo Carlos Café. ¡Negro! Una bella condición que concilia por sí sólo la lujuria y la pasión.  ¡Negra! Las letras del lápiz,  la tinta y el plumón con la que se escribieron desde antaño las más hermosas palabras cómo:  negro, blanco, rojo y amarillo Y la que es mejor: ¡Technicolor!
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    A las ocho menos quince En Homenaje a Hermann Schreiber Todos los días tocaba el violín. Era lo único que su esquiva mente recordaba de su juventud, más por la memoria de sus manos que por sus recuerdos.  La soledad sólo desaparecía cuando Ana, la joven que había venido a este país extraño en busca de un mejor futuro para su familia, llegaba a cuidarlo: bañarlo, alimentarlo, darles sus medicinas, leerle uno de los libros que tenía en su biblioteca personal y escucharlo tocar alguna pieza en el violín era la rutina diaria de Ana y el viejo. Todo seguía igual, hasta que un día la rutina se tuvo que alargar. Seguía con los mismos cuidados pero en esta ocasión las noches se hicieron obligatorias.  El viejo no sabía por qué ahora esa extraña mujer dormía ahí y, su memoria le empezó a hacer preguntas. "¿Quién eres tú? ¿Qué haces acá?"  Ella siempre respondía "Soy Ana, señor. ¿No me recuerda? su hija me trajo para cuidarlo" El viejo hacía una mueca de desprecio y ...
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  Las razas no existen, sólo es una extraña mutación selectiva para evitar el melanoma y otras afecciones producto de nuestra desnuda piel.  Considerarnos humanos y seguir pensando que somos de distintas razas es seguir viviendo en el mundo donde el Hombre del Neandertal se encontró con el Homo Sapiens. Dos especies que pudieron cruzarse genéticamente gracias a su condición de homínidos (especies de hombres que caminan en dos patas). Estos homínidos resultantes se pudieron haber perdidos entre los Miles de años de intercambio genético, cosa que ya resulta vaga para determinar qué somos. La única verdad científica es que si de razas hablamos la nuestra es una sola, la humana.  Ahora, que el problema es el color de piel. Ok. Eso ya es otra cosa.  El color de piel no tiene nada que ver, ni remotamente, con la "raza" no somos caniches para hablar así. Pero sí tiene que ver con lo que alguna vez un señor llamado Charls Darwin dijo sobre la selección natural de las especie...
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  Día de la raza hace veinte años. Resistencia indígena en la actualidad. Día de la Hispanidad en España, y al final es un día más. En 1492, el genovés marino mercante Cristoforo Colombo (o Cristóbal Colón para los más castellanizados) emprendió una larga cruzada en busca de fortunas y especias culinarias que, sazonarían los platos de los más ricos y desabridos de la élite europea en plena bancarrota de los reinos de Castilla y la Mancha en España. Éste mercante italiano hizo de sus dotes, según nuestro historiador, dramaturgo, politólogo y humorista/filósofo Laureano Márquez, para poder "parar el huevo" y, convencer a doña Isabel la Católica, de que le financiara su empresa con la garantía de que las indias serían su final y, con esas nuevas rutas comerciales dominadas por el gran imperio español, hasta ahora en decadencia, volverían a poder comer mangos, probar pollos al curri y, vestir de las mejores telas de seda que las indias orientales podían ofrecer.  La cosa no pinta...