Día de la raza hace veinte años. Resistencia indígena en la actualidad. Día de la Hispanidad en España, y al final es un día más.





En 1492, el genovés marino mercante Cristoforo Colombo (o Cristóbal Colón para los más castellanizados) emprendió una larga cruzada en busca de fortunas y especias culinarias que, sazonarían los platos de los más ricos y desabridos de la élite europea en plena bancarrota de los reinos de Castilla y la Mancha en España.



Éste mercante italiano hizo de sus dotes, según nuestro historiador, dramaturgo, politólogo y humorista/filósofo Laureano Márquez, para poder "parar el huevo" y, convencer a doña Isabel la Católica, de que le financiara su empresa con la garantía de que las indias serían su final y, con esas nuevas rutas comerciales dominadas por el gran imperio español, hasta ahora en decadencia, volverían a poder comer mangos, probar pollos al curri y, vestir de las mejores telas de seda que las indias orientales podían ofrecer. 


La cosa no pintaba bien, ya que, aunque doña Isabel empeñó sus joyas, sólo alcanzó para tres navíos, dos carabelas (navíos pequeños y ligeros de rápidos desplazamiento) a los que el genovés llamó: La Pinta y La Niña, y un tercer navío que era un Nao (un barco más grande y robusto, más resistente y provisto con más pertrechos y provisiones que las otras dos, a ésta que era donde viajaba el Almirante Colón, a contrario de lo que dicen los libros de textos escolares se le bautizó como la "Capitana", cual novela de Delia Fiallo, si hubiese existido RCTV en aquel entonces, y no le faltaba el nombre ya que era desde ésta donde se "capitaneaba" al resto. 



Como decíamos, las joyas, no las ollas, (aunque con lo que comían los reyes empeñar las ollas hubiese generado más crédito) sólo alcanzó para estos tres navíos y a duras penas para la financiación de los meresteres del viaje; faltando capital para el pago de una buena tripulación, cosa que no era problema para los capitanes mercantes de la época, cualquiera que no mareé y sepa hacer un nudo sería buen marinero. Así que nuestro intrépido explorador/comerciante optó por la opción más lógica, buscar entre los calabozos del Reino y solicitar el pago de pena por trabajo al Reino. 


Sólo un par de decenas bastaron para armar la tripulación y, vaya que fue más que suficiente para la primera (de)  generación española que surcó los mares desde el puerto de Palos hasta nuestra América y, la historia se hizo en este continente solo desde las perspectivas de la amena visión de nuestros "conquistadores", hombres hambrientos, diestros en el pillaje y en el asesinato y duchos en la estafa cargados de espejos qué, cómo una broma cruel del destino cargaron a granel en sus barcas para luegos cambiar por prendas de oro que adornaban los cuerpos casi desnudos de los nativos americanos. 


Fue un 12 de octubre de 1492 cuando uno de los vigías, Rodrigo de Triana, viendo en los surcos del horizonte del océano, divisó una extraña forma de tierra que al refrescar su mirada gritó a goñote seco "!TIERRA, TIERRA, TIERRA" la historia dió un giro y los habitantes de aquella tierra inhóspita al otro lado del Atlántico, pasaron a llamarse "Indios" y por qué no, si la idea del guía de la Capitana, era llegar a las indias. 



Pies en tierra el primer encuentro surgió como cuando ves una nave espacial llegar a la tierra y trae a esos seres tan extraños y de mal olor. No era raro que por el aspecto de los visitantes el nativo se asustara pero al ver los artefactos que traía se sintiera curioso y búscara un acercamiento. Claro, la moralidad de la tripulación era algo más que cuestionable y no se esperaría mucho de ellos pero, de ahí a pensar que la idea era acabar con medio continente, tampoco es lógica. La ambición ganó, la lujuria de más de tres meses en alta mar vio rebosada el dique de los amores fraternales en la galera y algo que, ya se había generado en el resto del mundo durante cientos y Miles de años, como con los homosapiens y los neardentales, o con los romanos, los mongoles, o cualquier otra civilización que se encuentra con otra, surgió, el mestizaje, que no es más que la unión de dos razas distintas. En este caso los españoles calenturientos con las inocentes y semidesnudas nativas trasatlánticas. 


Las semilla española germinó en los fértiles terrenos de las indias americanas y, no pasó mucho tiempo para que el color moreno de las pieles de las indias y la mutación de los ojos verdes de los españoles (mutación proveniente de otro proceso de mestizaje de más de 600 años de intercambio cultural y genético entre árabes e hispanos) dio como resultado nuestra raza criolla, ya remasterizada de otras razas que en el otro lado del continente se habían mezclado en la danza casi infinita de la acción sexual propia solo de la especie humana. 


Sí, muerte y tragedia conllevaron los años siguientes, para los más desafortunados y, la historia, cómo con cualquier otra etapa de la cruel historia humana, se encaminó por una vía sangrienta y desalmada. Eso está claro. Pero no fuimos ni los primero ni seremos los últimos. Ya que en esa etapa de nuestro paso por esta nave espacial que es la tierra,  la civilización humana no era tan civilizada, y aún hoy en día se discuten los beneficios y desgracias del hecho. Pero, ¿debemos contemplarlo como una tragedia que se podía evitar, ocultando los acontecimientos? Las pestes, las muertes, los desplazamientos y la cruel esclavitud, que aunque en este lado del continente fue perfeccionada por el hombre blanco, no es nativa de él. Este día, 12 de octubre, debemos conmemorar un hecho, no revivir las tragedias. Debemos recordar lo malo, no obviar el progreso de la unión de los hombres. Debemos emancipar nuestro pensamiento de tabúes impuestos por ideologías narcisistas que pretenden cambiar una mala idea por otra igual pero al contrario.


Y si me preguntan si soy blanco... pues les diré  que soy mestizo, ya que soy de ésta América y mis genes son universales, ya que después de quinientos años de intercambio genético soy como los perros callejeros, tengo tanto de tantos que soy la raza universal. 




Comentarios

  1. Me gusta sobre todo la idea con la que cierras, con ese perro callejero como símbolo de la mezcla de razas de la que debemos estar orgullosos, abrazos.

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